Iglesia Evangélica Bautista de Flores

Reflexiones

«VICTORIA SOBRE LA MUERTE»

Reflexiones breves de inicio de semana

Por Sergio Daniel López

martes 29 de marzo de 2022

Hay un acontecimiento relatado en los evangelios que al recordarlo o volver a leerlo sigue resultándome impactante. Se trata de la muerte de un amigo de Jesús llamado Lázaro.

Dice el apóstol Juan (S. Juan 11:33-35) que “Jesús, al ver llorar a María y a los judíos que habían llegado con ella, se conmovió profundamente y se estremeció, y les preguntó: –¿Dónde lo sepultaron? Le dijeron: –Ven a verlo, Señor. Y Jesús lloró.”

Probablemente sabrás que luego de esto, Jesús hizo un milagro sorprendente al resucitar a Lázaro después de cuatro días de haber fallecido (podés leer esta historia completa en S. Juan 11:1-44).

Ante esto, muchas veces me apareció la pregunta: ¿por qué lloró Jesús en esta ocasión, si al final iba a terminar resucitando a Lázaro? Es que el llanto de Jesús es consecuencia de ver a su amigo muerto y también del dolor que esto le causó a María y a sus allegados.

Es probable que muchos de nosotros estemos sufriendo en este mismo momento por el impacto de la muerte de alguien a nuestro alrededor, pero quiero invitarte a pensar que Jesús se conmueve ante nuestro dolor. A él no le pasan desapercibidas las consecuencias de la muerte como fenómeno físico, ni emocional, ni espiritual.

Todo lo que sucede a partir de ella es el centro fundamental por el cual Jesucristo estuvo en la tierra. Por eso dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (S. Juan 10:10).

Jesús lloró por la muerte de su amigo, lloró por el dolor de quienes sufrían también por esta pérdida, pero no se quedó llorando, sino que se movilizó con su poder para devolverle la vida.

No sabemos cuál fue la enfermedad que llevó a Lázaro a la muerte, pero sí sabemos cuál es la enfermedad que instaló la muerte de los hombres y mujeres, y esa enfermedad se llama “pecado” (errar a los objetivos y valores de Dios).

Dice la Biblia que “El pago que da el pecado es la muerte, pero el don de Dios es vida eterna en unión con Cristo Jesús, nuestro Señor” (Romanos 6:23).

Del mismo modo que Jesús se movilizó para devolverle la vida a Lázaro también se movilizó entregándose en la cruz y se levantó triunfante sobre la muerte para que nosotros podamos tener vida abundante y eterna. Por esto, unidos a Jesucristo, podemos decir junto con el apóstol Pablo: “Oh muerte, ¿dónde está tu victoria? Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón? Pues el pecado es el aguijón que termina en muerte, y la ley le da al pecado su poder. ¡Pero gracias a Dios! Él nos da la victoria sobre el pecado y la muerte por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Corintios 15.55-57)

Que seamos bendecidos en la experiencia de sentir y valorar cada día la entrega amorosa de Jesús, quien, conmovido por nuestro dolor y nuestro destino de muerte, nos trajo vida eterna.

Te mando un fuerte abrazo.

Sergio.